Amor de político

Dice Pedro Sánchez [https://www.libertaddigital.com/personajes/pedro-sanchez/] que lo importante son los afectos. Lo dice alguien que la única vez que sintió algo realmente profundo fue un picor de huevos. El nuevo Sánchez sentimental es tan creíble como la existencia de un PSOE bueno. Lo he escuchado suspirar entre afectos, abrazos y sentimientos, proclamando el amor con un puntito de flauta en la voz, y de pronto me ha sonado conocido el discurso. Claro. No es Sánchez. Es Iván Redondo [https://www.libertaddigital.com/personajes/ivan-redondo/] hace solo un mes en Televisión Española: "Lo más importante en la vida y la política son los afectos". ¡Qué inesperada casualidad!

Todo apunta a que Sánchez y Redondo están volviendo a trabajar juntos, como cada vez que el okupa de La Moncloa se ve en apuros. El asesor nunca pagará lo bastante por haber cooperado a convertir en un monstruo de gran capacidad destructiva a quien no era más que el yerno de Sabiniano. La situación es bastante desesperada, pero está medida: Cuerpo [https://www.libertaddigital.com/personajes/carlos-cuerpo/] para la foto de la falsa moderación y las sonrisas, Redondo para rociarlo todo con el perfume narcótico del amor. Lo importante es que nadie hable de corrupción, ni de economía, ni de infraestructuras. Lo importante es que nadie hable de nada.

Con todo, la frase antes citada es una sandez enorme, sea idea de Redondo o de su porquero. Los afectos no son lo más importante. Los afectos son pasiones de ánimo, lo que incluye la ira o el odio, aunque solemos identificarlos con el amor o el cariño.

En los días de juventud y pecas, un amigo intentó cortejar a una chica muy guapa, que si no se llamaba Nicolasa exhibía un nombre así, bastante aterrador. La muchacha, muy educada, no tenía el menor interés en mi amigo, que la llamaba día y noche, le enviaba flores y bombones y la convidaba a planes a los que la muchacha, por lo general, excusaba ir. Mi amigo, en las cosas del amor, era increíblemente brasas. Al fin, Nicolasa o como se llame, habló: "Te tengo afecto, pero nada más". Mi amigo nunca se recuperó de tan despiadada sinceridad.

Supongo que sentir afecto es la manera en que la gente poco dada al intercambio sentimental expresa algo parecido a la ausencia de repugnancia por otro. Cuando Sánchez –que odia a la Humanidad y muy especialmente a los españoles– dice que le tiene afecto a alguien, tan solo está diciendo que al menos no le hace vomitar de asco.

DEL AUTOR

* 30 Oct. 2026: De luto [https://www.libertaddigital.com/espana/politica/2026-10-30/itxu-diaz-de-luto-7485033/] * 23 Oct. 2026: ¿Dónde se refugiará la izquierda? [https://www.libertaddigital.com/internacional/europa/2026-10-23/itxu-diaz-donde-se-refugiara-la-izquierda-7481307/] * 16 Oct. 2026: El frente adocenado [https://www.libertaddigital.com/espana/politica/2026-10-16/itxu-diaz-el-frente-adocenado-7477522/] * 9 Oct. 2026: La guerra del humor [https://www.libertaddigital.com/espana/politica/2026-10-09/itxu-diaz-la-guerra-del-humor-7473618/]

Y si los afectos no pueden ser nunca lo más importante en la vida, mucho menos en la política. Ir a amar a la política es como entrar a un puticlub a recitar salmos en latín. La política es un campo embarrado, lleno de traiciones y de egos enfermos, donde el único afecto que puede darse entre dos personas es el odio o, de manera muy excepcional, un cierto cariño entre algunos individuos del mismo partido; pero un cariño que tarde o temprano se volverá odio, tan pronto como comiencen las tradicionales puñaladas de cada ciclo político. A la política puedes ir a aportar conocimientos, a exhibir dotes de gestión, a batallar por ciertos principios, a saciar tu sed de servicio público –el desengaño dura tres meses-, a robar, o a vengarte de alguien. Pero jamás a amar. Si no, pregúntale a José Luis Ábalos [https://www.libertaddigital.com/personajes/jose-luis-abalos/] lo mal que casa eso de ser ministro y el último romántico vivo a la vez.

Pero el cántico al amor de Sánchez es de tal cinismo que ni siquiera hace mella en los suyos, en los que están allí por el bocadillo y la palmadita en la espalda, que van de mitin a mitin por toda España en el autobús, como quien viaja con el Imserso, pero cambiando la visita a la catedral de Burgos por la contemplación frente a frente del holograma ojeroso de lo que un día fue Pedro Sánchez.

Insiste el presidente en que solo le mueve el amor. El amor, el amor, y el amor. Y para celebrar que lo importante es el amor, tras enviar el más "sentido" de los abrazos a las víctimas de Urda, decide no ir al funeral porque es un acto católico [https://www.libertaddigital.com/espana/politica/2026-11-06/sanchez-vuelve-a-ausentarse-en-el-funeral-por-las-victimas-de-urda-7487673/], que igual Sánchez cree que lo razonable en Toledo es que celebre, en memoria de los fallecidos, el antyesti de los Hare Krishna, o la danza del adiós de los indios Uri-Uri.

El amor en Sánchez dura exactamente cinco segundos, lo mismo que la frase en que lo proclama. Después ya entra su sentimiento natural, el rencor más abyecto y miserable, aquel que arroja incluso a las víctimas del tren, tal vez por causarle -¡qué inoportunos!- una sangría de votos a las puertas de las elecciones.

La campaña electoral del amor sanchista dejará un histórico reguero de sangre, real o metafórico. Anoten el vaticinio.

TEMAS

* Pedro Sánchez [https://www.libertaddigital.com/personajes/pedro-sanchez/] * Elecciones generales 2026 [https://www.libertaddigital.com/temas/elecciones-generales-2026/]

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