Gustavo Petro, el primer presidente progresista en la historia de Colombia, encara el tramo final de su gestión de gobierno con una aprobación que está por encima del 50 por ciento, según diferentes mediciones realizadas en los últimos meses.
El Ejecutivo saliente entrega una economía estable, respaldada por una inflación anual del 5,68% a abril de 2026 y una sólida apreciación interanual del peso colombiano del 9,53% frente al dólar, con una fuerte caída de su deuda externa, la cual representa hoy el 29% de la deuda pública.
Entre sus principales banderas de gestión destacan los históricos aumentos reales del salario mínimo por encima del costo de vida y una tasa de desempleo actual inferior al 9%.
Las 12 candidaturas a presidente delinean una intensa batalla por la conducción del Estado, y se estructura bajo cuatro corrientes principales:
Dado que ninguna fuerza parece capaz de romper el techo del 50% en la primera vuelta y que es necesario para acceder automáticamente a la Casa de Nariño este 31 de mayo, el mapa político colombiano se encamina hacia un balotaje el 21 de junio, cuando el comportamiento de las alianzas definirá el poder bajo tres escenarios probables:
El mapa electoral contemporáneo demuestra que no asistimos a un péndulo ideológico ciego, sino al nacimiento de una sociedad civil que aprendió a exigir derechos sociales tangibles a su clase política.
No obstante, el principal reto estructural sigue intacto: Colombia continúa lidiando con persistentes conflictos armados internos en los que operan al menos cuatro grandes grupos delincuenciales y revolucionarios activos con más de 20.000 combatientes (incluyendo disidencias de las FARC, el ELN, el Clan del Golfo, además de Grupos Delincuenciales Organizados), saboteando la accidentada política de “Paz Total” del oficialismo.
El electorado no debate si quiere volver al pasado, sino bajo qué términos institucionales logrará salvaguardar sus nuevas conquistas sociales sin entregar la seguridad del territorio.